La ocupación de la Edad del Bronce

Pero el espacio que hoy es el islote de O Areoso no se usó en la prehistoria sólo como lugar funerario. Diferentes grupos humanos lo frecuentaron, al menos, desde el Neolítico Final hasta momentos avanzados de la Edad del Bronce. En todas las playas de la zona sur aparecen abundantes restos arqueológicos esparcidos por la superficie, puestos al descubierto por la acción de las mareas. Son fundamentalmente fragmentos de recipientes de cerámica, pero también huesos de animales y conchas, es decir, restos de comida.

Paleosolo

Restos del suelo antiguo enterrado bajo la duna, en el que se encuentra el material arqueológico

Además, J. M. Rey constató en su excavación que sobre la mámoa 2, una vez abandonada y después de que estuviera ya parcialmente oculta por la arena de playa, se instaló un asentamiento datado entre lo 2225 y el 1950 a. C. En él recogió abundantes recipientes cerámicos, entre ellos algunos del tipo campaniforme, que varían en forma, calidad y capacidad con respeto a los de la fase anterior. Varios cacharros tienen restos de hollín y quemado en su superficie, prueba de que se pusieron al fuego, por lo que seguramente estamos ante un poblado o campamento episódico. También aparecieron dos punzones metálicos, en bronce, un punzón de hueso e instrumentos hechos en piedra pulimentada y tallada.

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Cerámicas de la Edad del Bronce (Rey & Vilaseco 2012)

Pero lo más interesante de la excavación fue que se recuperaron abundantes restos de comida, huesos y conchas, que no es habitual conservar en Galicia para épocas tan antiguas por la acidez del suelo, pero que el medio marino de Guidoiro Areoso ayudó a preservar. Aquellas gentes comían ganado vacuno, ovejas/cabras (sus huesos son casi imposibles de distinguir) y cerdos. En cuanto a los mariscos, las especies consumidas eran la ostra, el mejillón y la lapa, que seguro recogían en los arenales y roquedos próximos.

Además, durante la Edad del Bronce también parece que se realizaron enterramientos en el islote. A parte de que alguna de las mámoas podía seguir en uso, se han localizado dos pequeñas cistas, cajas hechas con losas de piedra que son utilizadas como sepulcro. Originalmente estarían sepultadas bajo el terreno, como las tumbas de los camposantos de las iglesias.

 La erosión

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